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Religión Azteca: Téotl, la fuerza generadora del Universo


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Por ∞8∞: 

 

Para los aztecas, Téotl es una fuerza, un principio o una energía sacra autogenerada, única y dinámica, que creó y continuamente genera, permea y gobierna el universo. Se manifiesta de muchas formas, cíclica y regularmente, y en particular como dualidad (ver Ometéotl). Teótl es esencialmente devenir, movimiento y cambio.

* 1 Universo y polaridad
* 2 La máscara de Téotl
* 3 Concepto de lo ilusorio
* 4 Téotl en la religión popular

Universo y polaridad

El universo es idéntico con Téotl, y por lo tanto despojado de cualquier orden o estructura duradera. El dualismo se manifiesta bajo la forma de la constante oposición de polaridades contrarias y al mismo tiempo mutuamente interdependientes y complementarias. Estas polaridades incluyen ser y no ser, orden y desorden, luz y oscuridad, vida y muerte, armonía y caos, hombre y mujer, vida y muerte, activo y pasivo. La vida y la muerte son dos lados de la misma realidad. Los alfareros de Tlatilco, por ejemplo, representaban artísticamente esta dualidad presentando un doble rostro, uno vivo, el otro con forma de calavera. La filosofía de los nahuas nunca concibió la muerte como algo inherentemente malo, ni pretendió conquistarla. Davies (1990) y Ortiz de Montellano (1990) hacen notar el paralelo con el Taoísmo y su noción del yin y el yang. Ambas filosofías señalan que es erróneo ver las polaridades como mutuamente excluyentes y lógicamente contradictorias, y cultivar una polaridad a expensas de la otra.

El transcurrir incesante del cosmos está definido y constituido por la permanente oscilación entre las polaridades. El resultado de esta oscilación dialéctica es un equilibrio general e inestable. Como el Tao, Téotl no es sólo fuerza o energía sino también ritmo y equilibrio, el qué y el cómo del universo.

El proceso de creación, mantenimiento y transformación del cosmos es visto en la metafísica náhuatl como un proceso esencialmente artístico. Toda la creación no es otra cosa que el disfraz o la máscara de Téotl, su nahual. El término nahual proviene de nahualli, un chamán con la capacidad de cambiar de forma. Téotl posee el mágico poder de ocultarse de los humanos. En sentido estricto, Téotl no creó el cosmos; éste consiste de Téotl y todo su contenido es simplemente parte de Téotl. El cosmos y todo lo que él alberga no son otra cosa que meras manifestaciones mágicas y momentáneas de Téotl: una gran máscara que al mismo tiempo cubre y revela el misterio (es decir, lo epistemológicamente trascendente y en última instancia no cognoscible) de la fuerza sagrada y la energía vital.

La máscara de Téotl

Téotl se disfraza artísticamente (nahualli) en muchas formas para ocultarse de la vista de los humanos. En primer lugar, el disfraz consiste en la apariencia material de la existencia, es decir, la apariencia de entes estáticos como los humanos, los árboles, los insectos. Pero esta apariencia es ilusoria, porque la realidad es dinámica y conformada por procesos en lugar de entes. En segundo lugar, el disfraz consiste en la aparente multiplicidad de lo existente, es decir, la existencia de entes distintos e independientes tales como humanos, árboles, insectos singulares. Esto es también ilusión, porque sólo hay una cosa: Téotl. Las aparentes entidades no solo están interrelacionadas, sino que también son uno entre sí, porque son receptáculos o "vasos" de lo sagrado (ixiptla); en última instancia, son uno con Téotl. Finalmente, el disfraz de Téotl consiste en la aparente distinción, independencia, exclusión mutua e irreconciliable oposición entre los pares vida/muerte, masculino/femenino, luz/oscuridad, etc. Lo que también es ilusión y engaño, porque todas y cada una son manifestaciones de Téotl. Cuando los humanos observan el mundo, ven a Téotl como humano, árbol, día, muerte, etc., esto es, a Téotl detrás de una máscara, pero no a Téotl mismo. Entenderlo permite a los humanos penetrar la máscara y al hacerlo, aprehender la sagrada y única presencia del propio Téotl.

En consecuencia, la metafísica nahua no concibe que el cosmos haya existido siempre o haya sido creado de una vez y para siempre, sino que sitúa a la humanidad en un frágil universo sujeto a un estado cíclico de flujo y reflujo, muy similar a la concepción hindú del tiempo, con la sucesión de los días y las noches de Brahmá. Cada ciclo acaba con un cataclismo global. La historia del cosmos es vista como cinco eras sucesivas, o «soles». Cada sol representa el dominio temporario de un aspecto polar diferente de Téotl. La era presente, la Edad del Quinto Sol, en la cual los nahuas creían vivir, es la última y final. Como sus predecesoras, ésta también está destinada a ser destruida por una catástrofe, con la cual la humanidad se desvanecería para siempre, moriría el Sol y reinaría el caos.

Así pues, dada la naturaleza simbólica del cosmos creado, es común la caracterización de la existencia terrenal como imágenes y símbolos pintados en la sagrada tela de Téotl. Aquiautzin[1] describe a la Tierra como «la casa de las pinturas».

Su contemporáneo Xayacamach[2] escribe:
«Vuestra casa está aquí, en medio de las pinturas».

«Comprendo lo secreto, lo oculto: ¡Oh, mis Señores! Así somos, somos mortales, los hombres pasan y pasan, todos deberemos partir, todos tendremos que morir en la tierra. Como una pintura, seremos borrados. Como una flor, nos secaremos aquí en la tierra. Como las vestimentas emplumadas del precioso pájaro, ese precioso pájaro de cuello ágil, llegaremos a un fin... Pensad en esto, oh, Señores, águilas y ocelotes, que aunque seáis de jade, aunque seáis de oro, también vosotros iréis allí, al lugar de los sin carne. Tenemos que desaparecer, ninguno puede permanecer».Visiones poéticas. Nezahualcóyotl.[3]

 

«Con flores tú pintas, ¡Oh, dador de vida! Con canciones Tú das color, con canciones das vida sobre la tierra. Más luego destruirás águilas y tigres: vivimos sólo aquí en Tu pintura, sobre la tierra. Con tinta negra tacharás todo lo que fue amistad, hermandad, nobleza. Tú difuminas a aquellos que vivirán en la tierra. Sólo vivimos en Tu libro de pinturas, aquí en la tierra».
Nezahualcóyotl.[4]

 

«¡El dador de la vida engaña! ¡Sólo sueños seguís, vosotros, amigos nuestros! Cuanto más verdaderamente creen nuestros corazones, más verdaderamente serán engañados».
Nezahualcóyotl.[5]


Concepto de lo ilusorio

Lo ilusorio de la existencia terrenal, sin embargo, es concebida en términos epistemológicos más que ontológicos. La ilusión no es una categoría ontológica como en Platón, quien en La República emplea la idea de ilusión para caracterizar un grado inferior de la realidad y para negar que la existencia terrenal sea completamente real. En lugar de ello, la ilusión compone una categoría epistemológica, usada para declarar que la condición humana natural es no comprender a Téotl. Los humanos interpretan erróneamente las múltiples polaridades duales como dualidades autosuficientes, contradictorias y distinguibles, de modo que sólo ven la máscara o el disfraz de Téotl.

Por lo tanto, cuando se caracteriza la existencia terrenal como ilusoria u onírica, no lo es porque la existencia terrenal sufra un estado ontológico inferior, sino porque suministra la oportunidad para el error humano.

Téotl en la religión popular

Muchas de las características anteriores se expresan mitológicamente en la religión popular azteca del siglo XVI. Por sí, o como Ometéotl, en una de sus manifestaciones es el dios supremo, que tiene hegemonía sobre trece deidades superiores y unas doscientas inferiores. En la mitología popular Téotl era considerado como eterno e invisible, creador y sustentador del mundo. Se le aplicaban por sobrenombre Tloque-Nahuaque (creador de todas las cosas) y también Ipalneomani (ser por quien se vive). No fue representado en imagen.

Miguel León-Portilla y Alfonso Caso sostienen que las clases menos educadas tendían a adherir a los aspectos politeísticos de la visión, mientras que los sacerdores y los tlamatinime (‘conocedores de las cosas’, o sabios) abrazaban su aspecto monista.

FUENTE: Wikipedia.

 

ome-téotl

Ometecuhtli (El Señor Dos) y Omecihuatl (La Señora Dos) formaban la dualidad creadora en la religión mexica. Eruditos como Miguel León-Portilla traducen a Ometéotl/Omecihuatl como Señor/Señora de la Dualidad, implicando un solo dios de carácter dual.

Ometecuhtli representa la esencia masculina de la creación. Es esposo de Omecihuatl y padre de Tezcatlipoca rojo (Xipe Tótec), Tezcatlipoca negro (Tezcatlipoca), Tezcatlipoca blanco (Quetzalcóatl), y Tezcatlipoca azul (Huitzilopochtli). También se le llama Tonacatecuhtli [tonaka'teuktli], "Señor de nuestra carne".

«En ningún lugar puede ser
la casa del sumo árbitro;
en todo lugar es invocado,
en todo lugar es venerado;
se busca su renombre, su gloria en la tierra

Nadie puede ser,
nadie puede ser amigo
del que hace vivir a todo;
solamente es invocado,
sólo a su lado y junto a él
puede haber vida en la tierra».
Cantares Mexicanos. Moyocoyatzin

Este es un dios antiguo, que no tenía templos, y era casi desconocido por el pueblo, pero muy nombrado en los poemas de las clases altas. Debido a que se le menciona de una manera que parece ignorar el resto de la cosmogonía azteca, León Portilla sugiere que tal vez los sabios aztecas estaban en un proceso de aglutinar a los demás dioses en esta deidad.

Omecihuatl (Mujer dos, Señora de la Dualidad), diosa que representa la esencia femenina de la creación en la religión mexica. Esposa de Ometecuhtli. También se le conoce como tonacacihuatl, Señora de nuestra carne.

Ometeótl es también llamado "in Tonan, in Totah, Huehueteotl", "Madre nuestra, Padre nuestro, Viejo Dios". Como dualidad y unidad masculino-femenina, reside en Omeyocan, "el Sitio de la Dualidad", que, a su vez, ocupa el más alto lugar de los cielos. El/ella es padre/madre del Universo y cuanto hay en él. Como "Señor y Señora de Nuestra Carne y Sustento", suministra la energía cósmica universal de la que todas las cosas derivan, así como la continuidad de su existencia y sustento. Provee y mantiene el ritmo oscilante del universo, y le confiere a cada cosa su naturaleza particular. Es en virtud de estos atributos que se lo/la llama "el Uno Mediante Quien Todos Vivimos" y el/la que "es el verdadero ser de todas las cosas, preservándolas y nutriéndolas". Por ser metafísicamente inmanente, Ometéotl es llamado/a Tloque Nahuaque, amo de lo cercano y lo lejano o el/la que está cerca de todas las cosas y de quien todas las cosas están cerca. En tanto epistemológicamente trascendente, se lo/la llama Yohualli-ehecátl, Uno que es Invisible (como la noche) e Intangible (como el viento). Recibe también los nombres de Moyocoyatzin, "el inventor de sí mismo" e ipalnemohuani, "el dador de vida".

La existencia de Ometéotl es sostenida y defendida por Caso, León-Portilla y López Austin

Ometeotl es el nombre Nahuatl (Mexica o Azteca) para Dios.

Ometeotl (Dios) est la dualidad del universo: Tiempo y Espacio.

Ometeotl es el creador, creador de todas las dualidades de la naturaleza: Masculino y
Femenino; Orden y Caos; Día y Noche; Materia y Espíritu.

Ometeotl se manifiesta en los elementos básicos del universo: fuego, aire, agua y tierra.

El nombre de Ometeotl cuando se manifiesta a través del agua es Tlaloc, que es rojo y
queda al este.

El nombre de Ometeotl cuando se manifiesta a través de la tierra es Tezcatlipoca, que es
negro y queda al Norte.

El nombre de Ometeotl cuando se manifiesta a través del aire es Quetzalcoatl, que es
blanco y queda al oeste.

El nombre de Ometeotl cuando se manifiesta a través del fuego es Huitzilopochtli, que es
azul y queda al Sur.

Dios antiguo, que no tenía templos, y era casi desconocido por el pueblo, pero muy
nombrado en los poemas de las clases altas.

Ometeótl es también llamado "in Tonan, in Tota, Huehueteotl", "Madre nuestra, Padre nuestro, Viejo Dios".

Como dualidad y unidad masculino-femenina, reside en Omeyocann, "el Sitio de la Dualidad", que, a su vez, ocupa el más alto lugar de los cielos. El/ella es padre/madre del Universo y cuanto hay en él. Como "Señor y Señora de Nuestra Carne y Sustento", suministra la energía cósmica universal de la que todas las cosas derivan, así como la continuidad de su existencia y sustento. Provee y mantiene el ritmo oscilante del universo, y le confiere a cada cosa su naturaleza particular. Es en virtud de estos atributos que se lo/la llama "el Uno Mediante Quien Todos Vivimos" y el/la que "es el verdadero ser de todas las cosas, preservándolas y nutriéndolas". Por ser metafísicamente inmanente, Ometeótl es llamado/a Tloque Nahuaque, amo de lo cercano y lo lejano o el/la que está cerca de todas las cosas y de quien todas las cosas están cerca. En tanto epistemológicamente trascendente, se lo/la llamaYohuall i-ehecátl, Uno que es Invisible (como la noche) e Intangible (como el viento). Recibe también los nombres deMoyocoy at zin, "el inventor de sí mismo" eIpalnemo hua, "el dador de vida".

Según la mitología azteca antes de nuestro sol, que es el quinto, existieron otros cuatro. Para los aztecas vivíamos, por tanto, en la quinta creación, o en la quinta era. Volviendo a la pareja original y a su descendencia, la legenda mexica señalaba que cada uno de seos dioses creadores luchaba por la supremacía en el mundo, empleando cada uno su propia fuerza cósmica: tierra, fuego, viento o agua. Mientras esas fuerzas se mantuvieran en equilibrio, el mundo estaba en orden y podía existir la era de un sol; sin embargo, si se producía un desequilibrio cósmico, ese sol, junto con la Tierra y los seres humanos de esa era, perecerían.

El primero de esos cinco soles fue el creado por el dios Tezcatlipoca, que era el dios de la Tierra. Sin embargo, su creación fue algo imperfecta, ya que los seres humanos aparecieron con forma de gigantes y en vez de un sol completo, se formó medio sol. Aquellos gigantes seres humanos, se vieron obligados a sobrevivir solamente con bellotas y piñones. A consecuencia de esta pésima alimentación, los humanos crecieron poco y débiles. En un momento determinado de esa era, los jaguares devoraron al medio sol existente y, ayudados por la oscuridad, fueron destruyendo y asesinando a los seres humanos gigantes.

El segundo de esos soles fue creado por el dios Quetzalcoatl, dios del Viento. Bajo este sol, los humanos se alimentaron con semillas de árboles, que todavía eran insuficientes para fortalecer a los hombres, que debían sobrevivir a los fuertes vientos. Los tremendos huracanes en ocasiones arrojaban a los seres humanos lejos. A pesar de ello, algunos humanos lograron sobrevivir al ser capaces de transformarse en monos

Tlaloc, que era el dios de la Lluvia en la mitología azteca, creó el tercer sol. Durante la era del tercer sol, los seres humanos hambrientos vivían de cereales. En este mundo, fueron los tremendos volcanes los que provocaron las desgracias. Enromes volcanes hacían erupción y las cenizas caían desde el cielo, consumiendo y enterrando el mundo. Sin embargo algunos hombres sobrevivieron al convertirse en pájaros que podía escapar a aquellas destructivas erupciones.

Chalchiuhtlique, la diosa del Agua azteca, fue la encargada de la creación del cuarto sol. Los seres humanos de esta creación intentaron sobrevivir con una semilla conocida con el nombre de acicintli, pero ésta no era comida suficiente para los humanos, que tenían que enfrentarse a enormes inundaciones. El agua emergió del centro de la Tierra provocando una tremenda catástrofe en el mundo. Algunos seres humanos lograron sobrevivir a esta catástrofe convirtiéndose en peces.

Todas las creaciones anteriores habían sido destruidas por una catástrofe, y con ella habían desaparecido los soles, las tierras y los seres humanos de cada una de esas eras. Entonces los dioses se dieron cuenta de que la existencia del quinto sol solamente sería posible con el sacrificio de otro dios. Así, los dioses decidieron levantar una enorme pira con ardiente fuego, si bien ninguno de ellos se atrevía a sacrificarse. Finalmente la decisión recayó en dos divinidades creadas por el supremo Ometeotl: los dioses Nanahuatl y Teucciztecatl. Éste último hizo hasta cuatro intentos para arrojarse al fuego, sin embargo, no tenía el suficiente valor y fue Nanahuatl, lleno de valentía, el primero en sacrificarse. Teucciztecatl consiguió reunir el suficiente coraje y finalmente siguió a Nanahuatl en el sacrificio. Nanahuatl se transformó en un sol resplandeciente, que ninguno de los dioses podía mirar directamente, mientras que su compañero se convirtió en la luna. El resto de los dioses se percató de que Nanahuatl no se alzaría en el firmamento hasta que no recibiese alimento necesario, es decir: los corazones para comer y la sangre para beber, de otros dioses sacrificados. Tras el enfrentamiento entre Nanahuatl y la Estrella Matutina, que se enfadó ante la idea del sacrificio, este último dios que era el más feroz de los 1.600 dioses, fue derrotado. Entonces todas esas divinidades, las 1.600, decidieron sacrificarse para dar alimento a este quinto sol, tras lo cual Nanahuatl, se alzó desde el este. Esos dioses se sacrificaron, ofreciendo su sangre para dar vida a este quinto Sol, pero Hiutzilopochtli tuvo que luchar con las tinieblas para poder expulsarlas del mundo y esa lucha dio origen a las estrellas. En otras versiones, se cuenta que esos dioses se fueron arrojando uno tras otro a ese fuego legendario, hasta transformarse en los astros que componen el firmamento.

Pues bien, una de esas verdades es el principio del -par de opuestos complementarios- que están representados en todas las civilizaciones como un principio básico. Con nuestros Viejos Abuelos el punto luminoso de esta verdad se encuentra representado en -Ometeotl, el señor de la dualidad divina- pero indiscutiblemente esta presente implícitamente o explícitamente en toda la filosofía o como la llamaban nuestros Viejos Abuelos –Toltecayotl(arte para vivir, conocimiento dejado por los antiguos habitantes)-.
Ellos decían que el Todo Poderoso, “Aquél por quien se vive, el Señor del cerca y del junto”.

Tloque Nahuaque

El término Tloque Nahuaque (náhuatl: El señor del cerca y del junto ), también llamado In Tloque In Nahuaque puede interpretarse de varias formas: amo de lo cercano y lo lejano, o el/la que está cerca de todas las cosas y de quien todas las cosas están cerca, o el siempre presente, el siempre cerca.

Entre los investigadores de la mitología azteca existe la controversia entre sí Tloque Nahuaque es el nombre del dios supremo, si es un sinónimo para el dios Ometéotl, o si es una cualidad del dios Ometéotl. En otras religiones, decir la cualidad del dios es sinónimo del nombre del dios, o uno de los distintos nombres del dios, lo cual también pudiera ser el caso de Ometeótl y Tloque Nahaque)

Esto es, que todo en el universo esta compuesto de un par de opuestos complementarios. Es decir, que son dos individualidades que se complementan y que forman, CUANDO LOGRAN EL EQUILIBRIO- en un tercero, superior a las dos individualidades que lo produjeron.

Este par de individualidades, diferente y opuestas...!se necesitan y se complementan!, para qué?,....para llegar a la totalidad! De modo que como el universo esta en movimiento y el movimiento es la vida, y este par de opuestos...!además de buscarse para encontrarse en el caos original, deben -luchar- para equilibrarse en sus cargas energéticas opuestas y complementarias, en sus sentimientos, en sus colores, en sus sexos, en sus texturas, en sus caracteres, en sus direcciones, en sus vidas y un largo etcétera. En esta -lucha- la búsqueda del equilibrio es el desafío.

Sí cualquiera arrasa o destruye al opuesto, será su propia destrucción. Son opuestos, pero no enemigos, son diferentes pero complementarios. Su plenitud sólo se logra en el equilibrio. Ninguno de los dos, por caminos separados, puede llegar a la trascendencia de su existencia…a la toltalidad, aún por ir más lejos y más alto en su individualidad. Su verdadero potencial existencial radica precisamente en sus diferencias y en el equilibrio buscado.

Tal vez el amor de un hombre y una mujer puede ser el mejor ejemplo de este principio filosófico. Cada uno por separado se neutraliza, en una relación dialéctica, cualquiera que aniquile al otro...se aniquilará a sí mismo. Su verdadero potencial radica en su antagonismo equilibrador, que permite la creación de una tercera entidad, mucho más poderosa que las dos individualidades que le crearon. El y ella por separado se neutralizan. El y ella confrontados se neutralizan.

Los hijos en este caso son el mejor ejemplo como fruto en una pareja. Nuestros Viejos Abuelos identificaban en el mundo del -Tonal- (el mundo conocido o material inmediato) casi a todo en un par de opuestos complementarios: el calor y el frío, el día y la noche, la vida y la muerte, etc. De modo que el Nahual es su par opuesto complementario. El Tonal representa al hombre, el Sol, la razón, lo seco, la luz. El Nahual representa como contraparte: A la mujer, La Luna, la intuición, la humedad, la oscuridad.

Pero acaso la alegoría filosófica más decantada y maravillosa en la Toltecáyotl es el concepto de AGUA QUEMADA, que para los Viejos Abuelos significaba la construcción del conocimiento superior o sutil. El -Agua Quemada- se producía de un par de opuestos complementarios...agua y fuego. Sin embargo, sí se equilibran estos dos elementos antagónicos en permanente lucha creadora, surge un tercero, diferente a los dos elementos generadores… ¡el vapor!.

Un elemento que es superior a los dos que lo formaron, pues el vapor, simbólicamente logra la proeza ontológica de la sabiduría humana...logra elevarse y trascender el plano humano.
No es gratuito que otra gran figura filosófica del México Antiguo, sea precisamente Tezcatlipoca que literalmente en lengua Náhuatl significa, el Espejo Humeante.

Es pues entonces, el principio del par de opuestos complementarios uno de los que rigen la existencia y trascendencia en el plano de lo humano. Sin embargo hoy en nuestros días este principio humano esta embrutecido y manoseado. La ciencia y la tecnología han perdido su esencia, es decir, han perdido a la sabiduría; y una ciencia sin sabiduría nos esta conduciendo a la muerte y a la destrucción del planeta.
Recuperar esas verdades universales de la sabiduría de nuestros Viejos Abuelos, seguramente nos ayudaría a crear una sociedad más justa y humana.

Fuentes:

http://www.scribd.com/doc/17654925/Ometeotl-Dios-Azteca-Dualidad
http://es.wikipedia.org/wiki/Omet%C3%A9otl

 


COMENTARIOS Y CONSULTAS: 

 

Ikix: 

Siempre ha sido difícil acercarse al pensamiento prehispánico sin caer en explicaciones rebuscadas. Pero mientras más clavo mi interés en esta profunda manera de ver al mundo he entendido que su cosmovisión es simple, explicada con palabras sencillas y comprendida a nivel práctico, más que teórico.

Y en un tema tan especial como este quisiera compartir lo poquito que he aprendido de la visión mexica.

El templo de Ometeotl nunca pudo forjarase como una construcción, su templo es el campo, el bosque, espacios donde el piso era la tierra y el techo las estrellas.

No había palabras suficientes para describir al tloque nahuaque decían los abuelos. Así que se limitaban a llamarlo el Creador de la vida, el dueño de lo lejos, lo junto y lo cerca, por llamarle de algún modo.

Lo más interesante es que lo definieron como una Trinidad (al igual que muchas otras culturas), Ometeotl como la unidad, lo supremo, y la dualidad física como aquí se explica como Ometecuhtli y Omecihuatl.
Pero Moyollocatzin, moyocoyatzin, ipalnemohuani, huehueteol y otras palabras relacionadas, no eran mas que de alabanza, sin un caracter definitorio. Esto lo se por escuchar cantos antiguos para otras deidades o "dioses" en donde se usan estas mismas palabras.

Y como último dato informativo la palabra Teotl era más bien para definir algo dedicado al mundo de lo supremo, como por ejemplo teo-calli, casa o templo de "Dios", pero al rezarle, hablarle o cantarle al Supremo no se le llamaba Teotl.

Y Por último me hace dudar que a Tlaloc lo relacionen con el Este y a Quetzalcoatl con el Oeste. No estoy segura pero me parece que es al revés. Tal vez Tlaloc (el ekiriano XD) me saque de la duda. Y los colores tampoco están definidos ritualísticamente para todos, era según lo que se quería hacer y la región, pues cambia mucho la forma en todo los pueblos.

Me gusta leer a los investigadores extranjeros, tanto como los que vinieron en la época de la conquista, como los contemporáneos, pero no comparto mucho. Al escuchar de viva voz a la gente que ha podido conservar su cultura sé que sus teorías se alejan muchas veces de la cosmovisión verdadera. Pero igual vale la pena la información de manera superficial para mirar un poquito este antiguo mundo.